El incentivo: Causa y consecuencia del mundo

La palabra incentivo tiene su origen del latín incentivum, y su primer significado estaba ligado al arte: era la flauta o el instrumento que, en una orquesta de la antigua Roma, daba el tono o la nota para que los demás comenzaran a tocar.

Con el tiempo, el sentido de la palabra fue orbitando hacia un concepto mucho más genérico. Hacia un sinónimo de estimulante, recompensa, aliciente, detonante, motor,premio e incluso castigo que nos impulsa a actuar de una manera u otra.

Desde hace un tiempo, fantaseo pensando que todo lo que pasa en el mundo, hasta donde la decisión y la acción humana alcanza, viene dado por simios simples con incentivos complejos. A veces pensamos que ciertas dinámicas sociales se basan en entes superhumanos como empresas, países o gobiernos. Y aquí vengo a defender la idea de que todo comportamiento social complejo es consecuencia directa de decisiones simples, aisladas y egoístas de cada una de las personas.

Al igual que un hormiguero parece funcionar como una mente colmena que busca o quiere algo. Pero en el fondo, esa voluntad como hormiguero no es más que una ilusión generada por la dificultad que tenemos para discernir los incentivos del conjunto y del individuo.